Mucho tiempo después de que había terminado de leer y ordenar los escritos del doctor Néuros, un día iba a tirar la caja de zapatos que yo mostraba a los amigos como la sala de los archivos secretos del doctor Néuros y que guardaba nada más por pura curiosidad y cierto sentimentalismo, pero cuando la doblaba para echarla al cesto de los reciclables algo llamó mi atención y en un doble fondo encontré todavía una sorpresa más: Había otro manuscrito escondido y éste dirigido a mí con una nota muy al estilo del doctor: “Puesto que ya encontró este escrito ha demostrado, don Mario, que no es usted tan pendejo. (no se moleste por esa palabra antes de leerlo). Casi puedo asegurarle, don Mario, que aquí y allá, como monedas en un lodazal, va a encontrar grandes verdades en este escrito, lo digo no con presunción, porque no son mías, la verdad es de todos; si hoy se encuentra la verdad en este lodazal de barbaridades es porque la verdad tiene esa costumbre de aparecer en los lugares que uno menos se imagina: en la boca de los niños, de los borrachos, de los “locos” y sólo muy pocas veces en los púlpitos y las cátedras. (A veces hay locos y borrachos en los púlpitos y las cátedras, don Mario.) No estaba muy decidido a enseñarle este manuscrito, por eso lo dejé a la suerte, pero si lo encontró es porque le tocaba ver la luz…”
Nunca supe a quien se refería, si al manuscrito o a mí, en eso de ver la luz. El manuscrito era un tratado de “Pendejología”. Me causó risa el título, pero en cuanto empecé a leer, me pareció que leía algo que no había sido escrito por el doctor Néuros que yo conocí. No sólo me pareció de mal gusto, sino que me pareció ofensivo. Pero una vez que dejé de sentirme ofendido por la palabrita “pendejo”, volvía a escuchar la voz del doctor Néuros y descubrí el verdadero contenido del tratado. Ojalá el lector pueda superar pronto el rechazo a la palabra pendejo y en cuanto más pronto acepte, como yo acepté, que es pendejo mas pronto logrará recibir el mensaje y el provecho que encierra el tratado de
PENDEJOLOGÍA
EL ARTE DE CONVIVIR CON PENDEJOS
Por principio de cuentas quiero que quede bien claro que la mayor parte de lo que aquí se dirá es fruto de la experiencia personal, porque, como a todo ser viviente de este planeta, me ha tocado vivir, convivir, y sobrevivir, con pendejos toda, toda la vida. Por eso sé muy bien lo que es ser pendejo y sé lo que es vivir y convivir con pendejos, de manera que no hablo por hablar ….porque soy uno de ellos y he tenido que vivir con el pendejo que conozco más bien y que soy yo mismo.
Antes de que me des el brochazo y dejes de leer estas hojas quiero que sepas y entiendas muy bien que si lo haces va a ser porque eres un muy pendejo, porque ya te estás dando por ofendido……. porque tú no crees que seas pendejo, porque tú estudiaste, porque tienes un título, porque te han dicho que no eres pendejo, porque tienes dinero, por…lo que sea. Ahora que si sigues leyendo va a ser por lo mismo, ya que te estarás exponiendo a que te convenza y eso es algo que tú no quieres, pero puedes estar seguro que no te escapas tú ni se escapa nadie….
Dicho simple, sencilla y llanamente: no hay alguien en este mundo que no sea un pendejo. Y si ha habido algunos en la historia que no hayan llevado ese calificativo seguro que se pueden contar con los dedos de la mano de un manco. No se sabe que haya habido un ser en el mundo que se escape a ese calificativo. ¿Para qué nos hacemos pendejos? Podemos decir claramente y con toda certeza que no sólo no hay, sino que no ha habido un ser humano en el mundo que no haya sido pendejo. (Si lo hubo debió haber sido lo suficientemente listo como para no enredarse con pendejos y por eso ni en la historia aparece. No se escapan Ni Alejandro el Magno ni Alejandro Junior, Ni Alberto Magno ni Alberto el menso Ni Sócrates ni Socrales…. Sócrates, por ejemplo, cometió la pendejada de casarse con Jantipa; tipa que pasó a la historia por su mal genio; como Sócrates no la soportaba en la casa y no la podía echar fuera, era él el que tenía que andar por las calles, hablando solo y renegando de jantipa. Y le dio por pensar y le dio por enseñar sus ideas y compartir sus pensamientos. Tenía tiempo para pensar porque su mujer no lo dejaba hablar. Su primo Socrales era mucho más inteligente que Sócrates, dicen los de sus tiempos, pero cometió la pendejada de casarse con una belleza con la que ocupó todo su tiempo en otros menesteres menos filosóficos y no pasó a la historia como su primo Sócrates…así que puedes escoger entre filosofar o filo sacar.
Decían en tiempos pasados que “el santo peca siete veces al día”, o lo que es lo mismo: el santo hace siete pendejadas diarias…. ahora bien: los que no somos santos ¿cuántas pendejadas haremos?
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Mr WordPress escribió
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