El Dios de mis mayores

El dios de mis mayores 

El dios de mis mayores…

 ¿Estás de veras contento, satisfecho, con tu dios?.. ¿No tienes dudas? ¿Apruebas su actitud al cien por ciento? A un dios no se le puede pedir meos del 100 por ciento…Si estás contento te felicito y ya puedes dejar esto a un lado, échalo a la basura, no pierdas tu tiempo esto no te conviene, hasta es posible que te haga daño… a ti y a mi.

            De una cosa puedes estar bien seguro: que yo no haré daño alguno a tu Dios, ¿cómo podría? Voy a hablar sobre mi dios, porque creo que estoy en mi derecho al querer investigar sobre el dios de mis mayores, sobre el dios en que me han enseñado, me han “forzado” obligado a creer, porque me lo impusieron antes de que pudiera escoger. Espero no maltratarlo durante el curso de mi investigación, lo trataré con mucho cuidado, si en algo lo incomodo va a ser sin mala intención, simplemente lo pondré de un lado, luego del otro, lo moveré…, si acaso fuera necesario hacer una autopsia, la haré con todo respeto, no hay mala intención… Y si acaso llegaras a pensar que merezco un castigo por investigar sobre el dios de mis mayores, te pido que dejes que sea dios el que me castigue, este asunto es entre mi dios y yo…  Pero si tienes dudas sobre dios, una señal puede ser el que te moleste que otros las tengan e investiguen a dios, o no estás muy contento con el comportamiento de tu dios… vamos averiguando juntos a ver qué es lo que descubrimos, si es que hay algo por descubrir…    a ver a dónde llegamos en este laberinto. Átate el hilo de Ariadna y empecemos a avanzar… ¿o a retroceder?…

Sería muy bueno llegar al fondo o al centro, a algún lugar seguro del laberinto, sería bueno que llegáramos al punto donde empezó la idea de dios, sea que el hombre descubrió a dios, sea que dios se descubrió… y se descubrió ante el hombre, sea que lo hayamos inventado, sea que hayan venido gentes de otro planeta y los hayamos tomado por dioses, sea que…al no encontrar explicación a nuestro ser, llamamos dios a la explicación provisional.

             Mientas unos aseguran conocer a dios y nos dan santo y seña, a muchos no nos convence su concepto de dios, el dios que nos presentan, deja muchas dudas, deja muchas cosas sin responder… y nos interesa saber por qué hay gente que no quiere que averigüemos, gente que no quiere siquiera que queramos ver lo que hay atrás de  los telones…que no quiere que sepamos…que no quiere que imaginemos, que no quiere que pensemos, que no quiere que seamos….

                Mientras investigamos, mientras llegamos allá, podemos imaginar… y la imaginación nos puede ayudar a llegar allá. De la misma manera que el que busca un tesoro lo imagina, a veces vívidamente, lo ve, lo vive, lo sueña, de la misma manera que el que corre imagina la meta, de la misma manera que… nosotros podemos imaginar a dios desde antes que lo encontremos así lo vamos a hacer… y así lo hemos hecho..  Imaginamos a dios mientras no lo alcancemos, mientras no lo tengamos en persona… o cosa… o… dios…

              Casi todos en mi familia eran mis mayores, sólo nacieron dos hermanos después de mí, uno murió a los cinco años de nacido, otro vive y es el menor de todos los 9, yo tuve siete hermanos mayores…, pero al referirme al dios de mis mayores no sólo me refiero al dios de mis hermanos y mis padres y abuelos, sino al dios de los abuelos de mis abuelos y los abuelos de los abuelos primeros que empezaron a adorar al dios que hoy adoramos como el verdadero. …No me refiero tanto a mis mayores, mexicas que también adoraban a dios, sino a los mayores que hablaban con dios, los que escribieron las palabras de dios… y guardaron sus historias, a ese dios me refiero, al dios que un día nos trajeron los conquistadores y nos lo impusieron a los conquistados…al dios que me impusieron mis padres y con el que aprendí a convivir desde niños…Ese dios de mis mayores, lo digo desde este principio, tiene muchos detalles que no me convencen todavía, será que no he descubierto al dios de mis mayores o lo he descubierto demasiado…el caso es que no creo en ese dios, no creo que dios sea así y todavía en mis años viejos sigo buscando un dios que convenza, que me convenza, todavía sigo buscando una respuesta…Eres un estúpido, me dicen algunos. No hay respuesta… te mueres y sanseacabó. Eres un estúpido, me dicen otros: La respuesta está en Jesucristo que vino a salvarnos, que murió por nosotros…Eso creí por muchos años, pero hoy veo que el pobre judío no nos ha salvado ni de un catarro, y si ya murió por nosotros, ¿Por qué fregaos nos seguimos muriendo, pues? “Es que no entiendes…” me dicen y  yo creo que los que no entienden son otros… y ahí es donde empiezan los pleitos y pleitos de muchos muertos y muchos tiempos, porque está de por medio no sólo la creencia de muchos pueblos, sino el negocio de unos cuantos y el medio poderoso para controlar las mentes de muchos, débiles y poderosos, pueblos enteros, con la ilusión de un día controlar todo el mundo… En el nombre dios, para mayor gloria de dios…Que no lo permita Dios.

¿Cuándo empecé a creer en Dios?     ¿Cuándo me lo presentaron?

 

No tengo ni el menor recuerdo consiente de mi nacimiento. Si alguien se empeñara en hacerme creer que me trajeron o vine de otro planeta, que mi padres no son mis padres, que soy hijo del espíritu santo ….hasta podrían lograrlo… lo que me digan eso creo, no recuerdo nada. Me dijeron que mis padres son fulano y zutana y que estos son mis hermanos y eso crecí creyendo y con ellos crecí aprendiendo a vivir.

Tampoco podría precisar el momento en que empecé a tener lo que llaman “uso de la razón”. No pudo haber sido un chispazo, lo recordaría; tuvo que haber sido un lento proceso un cambiar de la noche al día, de la luz a las tinieblas… o la revés… en todo casó fue un pasar del no pensar al pensar, del actuar inconsciente al actuar consciente…semiconsciente. Cuando llegaría ese momento, ese cruzar la línea, no lo sé, pero lo que sí sé es que cuando eso ocurrió, ya desde antes de que yo fuera alguien para mí mismo, ya era alguien para los demás; Ya tenía un nombre, hasta un sobrenombre y unas cuantas etiquetas colgadas que iría aprendiendo a reconocer con el tiempo. Lo primero que aprendí fue que me llamaba Mario, que era Mario, porque me hicieron que atendiera y respondiera cuando oía ese ruido, esa palabra: Mario, ese era yo. A medida que iba a prendido cosas útiles e inútiles, como que la lumbre quema, que el agua moja, que las puercas no ponen…y que las hormigas pican…que los rayos matan… también fui aprendiendo que era un varón, y que había mujeres, que vivía en le rancho y que había pueblos, que éramos pobres y que había ricos, que era un cristiano, que era un mexicano y que dos y dos son cuatro… ¿dije cristiano… mexicano?

Había muchas cosas que entendía a medias y otras más vagamente que a medias, pero aunque no entendiera, se me llenaba la cabeza con recetas, listas y oraciones que estaban en un librito llamado el catecismo del Padre Ripalda y que se estudiaba en la doctrina muy de cuando en cuando, pero casi todos los días en la casa, ya fuera por la mañana, rodeados del altillo de la cocina antes del desayuno, los hermanos menores repetíamos los mandamientos, las obras de misericordia, los pecados capitales, los mandamientos de la iglesia, el credo, el acto de contrición, más atentos a las tortillas que hacía mi mamá que a las palabras que salían de la boca y que apenas vendríamos a entender, o a no entender,  muchos años más tarde, pero que los papás , y de manera especial las madres, creían que era su obligación meterlas y encerrarlas en las cabezas de sus hijo. Su labor era continuar el lavado de cerebro que había comenzado con el bautismo… Creo que todo eso es dañino para el buen funcionamiento y crecimiento natural de la mente, del pensar, del raciocinio…Y tal vez no sería tan dañino si en todo el mundo y a todos los niños se les enseñara lo mismo, pero en el mismo momento que mi madre nos enseñaba el catecismo del padre Ripalda, en otros lados del mundo, a otros niños les enseñaban cosas diferentes, religiones diferentes, nombres de dios diferentes, tal vez con le mismo celo con que nuestra madre nos enseñaba y con el mismo celo les han de haber dicho que era la verdad, la única verdad y que había gente que no creía lo mismo que nosotros.. que ellos, y que había que mandar misioneros a convertirlos…a convertirnos… Mi mamá tenía  empeño en que pronto  estuviéramos preparados para la primera comunión…. Para otras cosas se estudiaba, para la primera comunión se preparaba…

 

 

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A la vera del Camino

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En memoria de todos  aquellos

     que sufrieron y murieron

     por no querer hacer pacto

    con la mentira.

 

 

A LA VERA

DEL CAMINO

 

 

 

 

Si lo que digo no es cierto,

dime dónde miento.

Pero si lo que digo es verdad,

¿por qué no quieres creerme?…

 

 

 

(…Porque nadie es poeta en su tierra.)

 

 

 

 

Bienaventurados los que tienen hambre y sed

de justicia porque ellos serán…

¿Ajusticiados?

 

    

 Esperamos sinceramente que no se mal interprete lo aquí dicho ni se juzgue de caricaturesca la forma en que se trata la figura del Crucificado.

 Invitamos al lector a profundizar más allá del lenguaje sencillo y callejero del personaje que atestigua los acontecimientos que rodearon la muerte de Jesús el Nazareno.

+

Para muchos de los que nacimos y crecimos en un ambiente católico, como la mayoría de nuestros pueblos mexicanos, nos resulta difícil de creer que haya gente que no crea en Jesucristo…   que no crean Jesucristo es el hijo de Dios y el Salvador del mundo. Pero un día por allí nos llegamos a dar cuenta que los que tal creemos no somos ni siquiera la mitad de la población del mundo y que de una escasa cuarta parte de la población del mundo que se dice “creyente” muchos no tienen mucha ”fe”, por lo menos su fe no es tan  firme como para comprometer sus modos de vivir.

Lo cierto es que por encima de lo que se crea o no se crea, la figura de Jesús y sus enseñanzas han sido y siguen siendo fundamento de nuestra cultura en todo el mundo.

En mis tiempos de estudiante en el seminario recuerdo haber oído a un famoso predicador que cada domingo de resurrección repetía, golpeando el púlpito de la catedral de Guadalajara: “Si Cristo no resucitó, vana es nuestra fe”.

No sé por qué, pero desde entonces no me parecía muy justa la sentencia. En primer lugar porque como que daba lugar a creer que había una pequeña duda, (y pensar que esa frase viene desde San Pablo), y en segundo lugar, porque aunque no hubiera resucitado, el mensaje seguiría teniendo sentido… Y eso es lo que se quiere enfatizar en este pequeño trabajo: Por encima de si fue o no fue Dios, el mensaje de Jesús el Nazareno sigue siendo un mensaje de Salvación. Salvación en el sentido de que nos hace mejores, de que nos hace más humanos, de que hace nuestro convivir en el mundo más adecuado para una realización del ser humano.

Si dejamos de pelearnos por sutilezas, que al final ni comprendemos, y profundizamos más en lo que se nos predicó desde el principio, podremos ser más testigos de la Verdad y podremos encaminar este mundo por otros senderos más humanos. De más amor y menos odio y guerras religiosas, De más comprensión y menos inquisición,  de más humildad filosófica y menos soberbia teológica,  de más edad de oro y menos edad media-negra.

Para muchos el hablar de religión es hablar de beatería y mojigatería y el hablar de Verdad es ser revolucionario y guerrillero, porque se han desvirtuado la Religión y la Verdad, porque ya se ha “corregido” y adaptado el mensaje de los pocos hombres que en el mundo ha sido” y el hablar de Dios lo hemos dejado a los que quieren ser figuras de adorno en programas televisivos o en pomposas ceremonias en elegantes lugares de “adoración”, mientras el Nazareno con su mensaje sigue pasando inadvertido, día a día camino al calvario, en un vía crucis interminable.

 

 

ATRAPADO

 

Con un beso traicionero,

te entregan a los soldados.

¿Creías que te escaparías?

 ¿Con todo lo que has hablado?

si a otros por cosas menores

más rápido los callaron.

Tú enseñabas la verdad

y se ve que no eres malo,

pero te faltó prudencia.

Hablaste por todos lados,

diciendo siempre verdades

al que te saliera al paso;

y eso…pues, casi no se usa.

De niños nos enseñaron

a no decir la verdad

y a ocultar lo que pensamos.

+

 “Señora, se ve muy guapa”.

Aunque la vieja este fea.

“Mamá, yo te lo aseguro,

no me comí las galletas”.

aunque no puedas ni hablar

porque traes la boca llena.

“Me da mucho gusto verte”.

 Y hasta los labios aprietas

para ocultar el disgusto

que te causa su presencia.

…+…

Toditos en este mundo

estamos bien entrenados

para pensar una cosa

y otra decir con los labios.

Corazón, cabeza y lengua

Trabajan por separado,

Cada uno a su conveniencia,

cada quien para su santo.

Eso todos lo sabemos,

y aún así nos engañamos…

¡Si seremos más…! Ni modo.

Convéncete: en este fango

hay que volverse serpiente

y andar con mucho cuidado;

medir uno sus palabras

y no hacer ningún escándalo;

porque tú, pues ni eres rico,

tampoco tienes soldados…

Yo no sé a qué te atenías

Pa’andar por ai predicando,

gritando a los sacerdotes

que eran sepulcros blanqueados,

nomás porque nunca cumplen

lo que la ley ha mandado…

si ellos arreglan la ley,

a su antojo y conveniencia,

 pa’ tenernos controlados,

los jijos de la fregada,

pero ellos no le hacen caso.

Las leyes son pa’los pobres,

son nomás pa’los de abajo.

Y luego ¿pa’ qué decías

que los ricos eran malos

nomás porque no reparten

el dinero que han ganado?…

 

 Como quien dice, te echaste

malas con lo más granado

de la sociedad y son…

los que tienen palo y mando.

Si es cierto que eres Dios,

creador y gran soberano,

me extraña que no conozcas

a las obras de tus manos…

Bien puede ser que los hombres,

como tú lo has enseñado,

tengamos un mismo padre,

pero no somos “hermanos.

No sé pa’que te metiste

a andar revolucionando

este mundo que pa’muchos

está muy bien ordenado.

y si no está, por lo menos

así les ha funcionado.

Debiste de comprender

que la religión es cosa

para el templo y comentarios,

pero no para aplicarla

a nuestra vida de diario.

Si ves ¡ni los sacerdote

practican lo que predican

y tú querías ser sincero,

hombre, pues quién te creías…

 

De veras que me das pena,

pues se ve que no eres malo;

pero te faltó prudencia

y ahora que te han agarrado

para mí es casi seguro

que vas a ser condenado.

 

 

 

II

 

 

DE HERODES A PILATOS

 

 

Como que ninguno quiere

perder el tiempo contigo.

Nadie quiere “molestarse”

en dictarte la sentencia,

ni el romano ni los tuyos.

Y todos te quieren muerto,

eso tenlo por seguro;

nomás que nadie se anima,

porque “el miedo no anda en burro”;

es lo que muchos decimos,

porque desde no sé dónde

traemos ese prejuicio

de ser muy supersticiosos

en cuestión de lo divino.

Pues como los jefes saben

lo que por ahí se ha dicho:

que eras el Mesías del cielo

y del mero Dios el hijo,

pos ahí tienes que no saben

lo que van a hacer contigo.

Por aquello de las dudas,

no quieren ser responsables

directos de tu destino.

Pero de esta no te escapas,

 porque como dijo alguno:

El error y la ignorancia

        son causa de muchos males

que sufre la humanidad.

   Los errores más funestos

son de la superstición,

         porque corrompe las fuentes,

que surten a la razón

   y el fanatismo que alienta

esos tan graves errores,

a matar sin sentir culpa,

es el que empuja a los hombres.

(esto lo dijo Voltér,

ai nomás ¿cómo la ves?)

Y estos que quieren matarte

mucho padecen de eso.

Y pasarán muchos años

pa’que se encuentre el remedio

que nos cure de esos males.

que causan los ignorantes

que quieren que todo el mundo

a fuerzas piense como ellos.

No porque estén convencidos

de que están en la verdad,

sino porque les conviene

para su comodidad.

Ignorantes que no saben

que mejor andaría mundo,

(para bien de esos esos malditos),

si de lo que predicabas

se aplicara algún poquito.

Ignorantes que no saben

de la única libertad:

la libertad del espíritu,

y que viven siendo esclavos

de rancias instituciones

que con el pasar del tiempo

la mentira hacen “verdad”

y hasta en una altar la ponen

y la Verdad descreditan

y la pintan tan macabra

que nadie la reconoce,

porque le cambian de cara.

Y a esa Verdad que libera,

que fue la que tú enseñaste,

le temen porque ya saben

que con ella no se juega:

Hay que jalar o hay que ahorcarse.

 

Mientras tanto ahí te traen

entre Herodes y Pilatos

yo nomás quisiera ver

quién va a ser el que se anime

a dictarte la sentencia.

Porque de esta no te escapas,

y no es que te desanime.

+

Nadie quiere ser el juez,

porque te matan por miedo:

miedo te tienen de vivo,

miedo te tendrán de muerto.

Porque nunca te escucharon,

porque no te comprendieron.

Ya aprenderán estos sonsos

que hacer mártires no es bueno.

 

 

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El hijo del padre…(Sin el Espíritu Santo)

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Es una novela (mi primer novela) sobre la vida en el seminario y un poco de la vida de los curas, pero más que nada de lo que creen los curas y los no curas…. algunos extractos iré añadiendo

Lunes  5:45 AM

 

Al padre Jorge no le gustaban los despertadores. Por orgullo y vanidad los rechazaba, por costumbre no los necesitaba. Trece años de levantarse diario en el seminario, “llueva o truene”, al toque de las tres campanadas de las 5:45, lo habían acostumbrado. Quince años después del seminario seguía la rutina de levantarse todos los días, “llueva o truene”, a la misma hora.

“Nos programaron en el seminario”, solía decir con un mal fingido tono de queja, al comentar que no podía dormir ni quedarse en la cama más allá de esa hora. Su fingida queja era la forma de presumir de su diario madrugar. “El que no se levanta con entusiasmo cada día, es porque no tiene metas que alcanzar; es el que no lleva una dirección determinada en su vida; es el que no sabe vivir, o no quiere vivir.”. Lo había dicho hacía muchos años con la convicción del que quiere convencerse a sí mismo, cuando estudiaba filosofía en el seminario y criticaba a algunos de sus compañeros que ya no se levantaban a las tres campanadas; aquellos que ya nomás llegaban a la hora del desayuno con los ojos hinchados y el pelo remojado, sin asistir a primeras oraciones, sin hacer la media hora de meditación diaria y sin asistir a la santa misa. “Intelectuales-existencialistas-güevones”. Lo que había dicho entonces lo seguía viviendo por tradición, por rutina y un poco por convicción.

Después del seminario casi siempre durmió cerca de relojes de campanario, cosa que un día de repente no encontró muy agradable. “La pinche campana rigió nuestras vidas durante todo el seminario. Desde las tres campanadas del levanto en  la mañana hasta las tres del “gran silencio” por la noche, era un sonar de la campana todo el día: campana, para el desayuno, campana para el estudio, para la clase, para el recreo, para la comida, para la siesta, para el rosario, a todas horas regidos por la campana, como los borregos. Y cuando yo pensaba que ya me había liberado, sigue jodiendo y ahora campanas más grandes pa’cabarla” Le había dicho una vez el padre Esparza y como si nomás faltara que alguien se lo dijera, Jorge tomó conciencia del hecho y desde entonces le empezaron a molestar las campanas. Cuando llegó a San Francisco descubrió que acababan de cambiar un reloj viejo del campanario por uno nuevo que se podía programar para que no sonara por la noche. Al reloj viejo, después de haber sido puntual por más de cincuenta años, le había dado por hacer las horas a su antojo, desde 40 hasta 120 minutos y traía a todo el pueblo descontrolado, por eso lo cambiaron, aunque mucha gente consentía al viejo y le perdonaban sus locuras. Cuando alguien preguntaba la hora, la respuesta empezaba con otra pregunta: “¿Según la iglesia o según el gobierno?”, Porque en la fachada de la presidencia había también un reloj de buen tamaño, que no sonaba las horas y que nunca quiso ir a tiempo con el reloj del templo. Algunas de los viejos preguntaban también: “¿Cuál hora sigues, la de los cristeros o la de los pelones?” . Más de una semana duró el padre Jorge leyendo manuales e intentando de un modo y otro, hasta que logró programar el reloj nuevo, pero no llamó a los técnicos; Así era él y así había arruinado varios aparatos, pero no se le quitaba la maña. Durante poco más de un mes el reloj guardó silencio desde las once de la noche hasta las cinco de la mañana, pero las quejas de la gente empezaron desde el primer día. Algunos decían que los niños lloraban más si no oían las campanas cada cuarto de hora, otros que las vacas daban menos leche y hasta algunos afirmaban que su virilidad se veía reducida sin las campanadas de los cuartos de hora.

Se lo puedo comprobar con los pelos en la mano, padre.

No seas desvergonzado, al Señor Cura se le respeta.

Como si no me oyera cada mes cosas peores en el confesionario

 Al padre Jorge no le quedó más remedio que volver el reloj a su estado original, en parte porque él mismo extrañaba las campanadas y hasta le parecía oír por la noche las campanadas fantasmas de los cuartos de hora. Pero aún sin las campanadas, y aunque anduviera de viaje, todos los días a las 5:45 de la mañana ya estaban en pie. Aunque se presentaran las oportunidades y le llegaran esas ganas de abandonarse a la pereza y simplemente quedarse en la cama un rato más, aunque fueran esos cinco minutos que toda persona normal encuentra difícil de negarse, y a los que cualquier fiel cristiano tiene derecho de vez en cuando, sentía que tenía que ser consecuente con lo que predicaba y con lo que tanto presumía. “El orgullo me levanta…” Le brotaba en la cabeza esa tonada algunas mañanas, pero no caía en la tentación de hacerle caso; nunca admitiría que el orgullo tenía que ver algo con su madrugar. Sólo el que no lo conociera bien le podía creer que no hubiera orgullo tanto en su madrugar como en su presumir. Contaba cómo desde el primer día de su primer destino, cuando una solícita hermana de Don Saturnino, su primer párroco, le colocó, sin preguntarle, un despertador en su mesa de noche; En el mismo momento en que descubrió el despertador, sin importarle que ya fuera noche y que la venerable señorita ya estuviera recogida fue y le tocó a su cuarto para decirle, con mal disimulado reproche, que él no necesitaba despertador para levantarse a tiempo. Se echó el compromiso y lo seguía cumpliendo.

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Pendejología…. el arte de convivivir con pendejos…

Archivos secretos del Doctor NéurosMucho tiempo después de que había terminado de leer y ordenar los escritos del doctor Néuros, un día iba a tirar la caja de zapatos que yo mostraba a los amigos como la sala de los archivos secretos del doctor Néuros y que guardaba nada más por pura curiosidad y cierto sentimentalismo, pero cuando la doblaba para echarla al cesto de los reciclables algo llamó mi atención y en un doble fondo encontré todavía una sorpresa más: Había otro manuscrito escondido y éste dirigido a mí con una nota muy al estilo del doctor: “Puesto que ya encontró este escrito ha demostrado, don Mario, que no es usted tan pendejo. (no se moleste por esa palabra antes de leerlo). Casi puedo asegurarle, don Mario, que aquí y allá, como monedas en un lodazal, va a encontrar grandes verdades en este escrito, lo digo no con presunción, porque no son mías, la verdad es de todos; si hoy se encuentra la verdad en este lodazal de barbaridades es porque la verdad tiene esa costumbre de aparecer en los lugares que uno menos se imagina: en la boca de los niños, de los borrachos, de los “locos” y sólo muy pocas veces en los púlpitos y las cátedras. (A veces hay locos y borrachos en los púlpitos y las cátedras, don Mario.)  No estaba muy decidido a enseñarle este manuscrito, por eso lo dejé a la suerte, pero si lo encontró es porque le tocaba ver la luz…”  

Nunca supe a quien se refería, si al manuscrito o a mí, en eso de ver la luz. El manuscrito era un tratado de “Pendejología”. Me causó risa el título, pero en cuanto empecé a leer, me pareció que leía algo que no había sido escrito por el doctor Néuros que yo conocí. No sólo me pa­reció de mal gusto, sino que me pareció ofensivo. Pero una vez que dejé de sentirme ofendido por la palabrita “pendejo”, volvía a escuchar la voz del doctor Néuros y descubrí el verdadero contenido del tratado. Ojalá el lector pueda superar pronto el rechazo a la palabra pendejo y en cuanto más pronto acepte, como yo acepté, que es pendejo mas pronto logrará recibir el mensaje y el provecho que encierra el tratado de

 

 

  

PENDEJOLOGÍA

 

EL ARTE DE CONVIVIR CON PENDEJOS 

            

 

Por principio de cuentas quiero que quede bien claro que la mayor parte de lo que aquí se dirá es fruto de la experiencia personal, porque, como a todo ser viviente de este planeta, me ha tocado vivir, convivir, y sobrevivir, con pendejos toda, toda la vida. Por eso sé muy bien lo que es ser pendejo y sé lo que es vivir y convivir con pendejos, de manera que no hablo por hablar ….porque soy uno de ellos y he tenido que vivir con el pendejo que conozco más bien y que soy yo mismo.

Antes de que me des el brochazo y dejes de leer estas hojas quiero que sepas y entiendas muy bien que si lo haces va a ser porque eres un muy pendejo, porque ya te estás dando por ofendido…….  porque tú no crees que seas pendejo, porque tú estudiaste, porque tienes un título, porque te han dicho que no eres pendejo, porque tienes dinero,  por…lo que sea. Ahora que si sigues leyendo va a ser por lo mismo, ya que te estarás exponiendo a que te convenza y eso es algo que tú no quieres, pero puedes estar seguro que no te escapas tú ni se escapa nadie….

Dicho simple, sencilla y llanamente: no hay alguien en este mundo que no sea un pendejo. Y si ha habido algunos en la historia que no hayan llevado ese calificativo seguro que se pueden contar con los dedos de la mano de un manco. No se sabe que haya habido un ser en el mundo que se escape a ese calificativo. ¿Para qué nos hacemos pendejos? Podemos decir claramente y con toda certeza que no sólo no hay, sino que no ha habido un ser humano en el mundo que no haya sido pendejo. (Si lo hubo debió haber sido lo suficientemente listo como para no enredarse con pendejos y por eso ni en la historia aparece. No se escapan Ni Alejandro el Magno ni  Alejandro Junior, Ni Alberto Magno ni Alberto el menso Ni Sócrates ni Socrales…. Sócrates, por ejemplo, cometió la pendejada de casarse con Jantipa; tipa que pasó a la historia por su mal genio; como Sócrates no la soportaba en la casa y no la podía echar fuera, era él el que tenía que andar por las calles, hablando solo y renegando de jantipa. Y le dio por pensar y le dio por enseñar sus ideas y compartir sus pensamientos. Tenía tiempo para pensar porque su mujer no lo dejaba hablar. Su primo Socrales era mucho más inteligente que Sócrates, dicen los de sus tiempos, pero cometió la pendejada de casarse con una belleza con la que ocupó todo su tiempo en otros menesteres menos filosóficos y no pasó a la historia como su primo Sócrates…así que puedes escoger entre filosofar o filo sacar.

Decían en tiempos pasados que “el santo peca siete veces al día”, o lo que es lo mismo: el santo hace siete pendejadas diarias…. ahora bien: los que no somos santos ¿cuántas pendejadas haremos?

 

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